Arquitectura, Interiorismo
Showroom Wonders en Elche | Topografía expositiva para calzado

Showroom Wonders en Elche: interiorismo comercial con expositores curvos, tecnocemento blanco y corner para futuras tiendas. tamatestudio.

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Interior general Showroom Wonders en Elche

Sala de muestras, un organismo contínuo.

La condición inicial.

La operación de fondo consiste en dejar de entender el showroom como un contenedor con objetos dentro. Aquí la sala se piensa como una única pieza espacial en la que muro, balda, mesa y elemento exento pertenecen a una misma familia formal y casi a una misma sustancia. Las baldas no parecen apoyarse contra el cerramiento; parecen desprenderse de él, separarse, volver a tocarlo. La mesa central no comparece como un mueble añadido, sino como un desplazamiento del mismo sistema hacia el interior. Las piezas exentas no interrumpen la continuidad; son condensaciones locales de la misma lógica.

Por eso el espacio se percibe como un cuerpo en movimiento aun estando completamente quieto. Las curvas no son un gesto decorativo, sino la huella visible de un recorrido. Los pilares atrapados por el contorno no detienen el flujo; lo hacen legible, del mismo modo que una roca en el cauce vuelve visible la corriente que la rodea. La sala adquiere así una condición casi hidráulica: no por blandura, sino por continuidad. Todo parece haber sido vertido y detenido en el instante exacto en que la forma encontraba su equilibrio.

En esa continuidad hay también una idea de neutralidad activa. El proyecto no quiere que el espacio compita con el zapato, pero tampoco acepta la neutralidad banal del fondo indiferente. Lo que construye es una neutralidad tensada, muy precisa, donde la geometría organiza silenciosamente la atención y el producto se convierte en el único punto de detención visual. La arquitectura no desaparece por falta de espesor; se retira porque ha sido capaz de ordenarlo todo.

El espacio como fluido de exposición.

La operación de fondo del proyecto es entender la sala no como un contenedor con muebles dentro, sino como un único organismo continuo. Las baldas no son piezas posadas contra los muros: son el muro mismo que se desprende, se pliega, se separa y se vuelve a pegar. La mesa central no es un objeto añadido: es la misma materia que recorre el perímetro y se ha desplazado al centro. Las piezas exentas son la misma sustancia que se ha quedado suelta en el camino. Toda la sala parece haber sido vertida —en el sentido literal del término— y haberse solidificado en el momento exacto en que el fluido encontraba su forma.

Esta condición fluida es la que permite que el visitante perciba el showroom como un espacio en movimiento, aunque esté absolutamente quieto. Las curvas de las baldas no son decorativas: son la huella visible de un recorrido. Los pilares atrapados en el contorno no interrumpen el flujo lo confirman, igual que una piedra en mitad de un río confirma el agua que la rodea. Y el blanco total, lejos de congelar la escena, refuerza la sensación de continuidad: sin junta cromática, no hay junta espacial. La sala completa funciona como una única superficie tridimensional plegada sobre sí misma, una topografía artificial donde el zapato aparece como el único punto de detención posible. Todo lo demás fluye.

El falso techo. El negativo geométrico del plano de exposición.

El falso techo no acompaña la planta: la piensa en negativo. La misma lógica sinuosa que organiza las baldas se traslada al plano superior de forma invertida. Donde abajo hay presencia, arriba hay vaciado; donde abajo hay perímetro útil, arriba aparece foseado. Techo y exposición se leen como dos superficies solidarias entre las que el visitante  y el producto quedan acotados.

Tres nubes de plástico tensado se recortan en el falso techo en puntos estratégicos, como lucernarios artificiales que inyectan luz difusa y general al espacio. Alrededor de esas nubes, los foseados perimetrales absorben todo el aparataje técnico. La técnica desaparece de la vista no como gesto de limpieza formal, sino como exigencia del propio sistema. Si la sala se define por una continuidad curva y sin fracturas, los elementos técnicos no pueden irrumpir como accidentes rectilíneos dispersos. Ningún conducto interrumpe la sinuosidad continua del plano superior. La operación es deliberada: si las formas son orgánicas en planta, no pueden ser rectas en sección, y mucho menos estar salpicadas por los elementos técnicos habituales.

Este trabajo sobre el falso techo como pieza regulada desde el mismo sistema formal que la planta es una decisión que tamatestudio ha trabajado también en proyectos anteriores donde la integración entre estructura espacial y envolvente superior era crítica, como en la pastelería Tótel Madrid, donde los tres muros exfoliados y el plano de techo trabajan como un único sistema tridimensional.

Fabricar la forma: Porexpán, poliéster y la tradición local.

La ejecución del mobiliario expositivo plantea un reto específico: desarrollar formas orgánicas continuas de gran longitud, con tres niveles distintos, resistencia suficiente para soportar peso y una precisión geométrica elevada, todo ello en un tiempo de obra muy corto. Los sistemas industriales convencionales de carpintería o piedra no resuelven bien esa combinación. El estudio recurrió de nuevo, como ya había hecho en la pastelería Tótel, a las técnicas del mundo de las fallas valencianas.

El sistema combina módulos de porexpán cortados con hilo caliente según la geometría del proyecto y revestidos después con fibra de poliéster. El porexpán aporta ligereza, facilidad de conformación tridimensional y control exacto de la curva. El poliéster aporta resistencia superficial, continuidad y capacidad de uso. El resultado no se percibe como una suma de piezas, sino como un cuerpo casi monolítico capaz de admitir cualquier inflexión sin perder estabilidad.

La estrategia de obra es también deliberada: todo el mobiliario se fabrica en taller durante el período de demolición del showroom antiguo. Cuando la sala está vacía y en condiciones de montaje, las piezas llegan prácticamente terminadas. El montaje completo se resuelve en una sola semana. La velocidad de ejecución no es un dato técnico menor: es parte del argumento del proyecto. El cliente, una empresa en plena campaña comercial,  no puede permitirse una sala cerrada durante meses. El sistema constructivo elegido responde tanto a la forma como al tiempo.

El blanco total. La desaparición del fondo.

Todo el showroom se resuelve en blanco. El antiguo suelo de hormigón visto se reviste con tecnocemento blanco, de acabado continuo y sin juntas visibles. Paredes, mobiliario y falso techo se integran en el mismo régimen cromático. La sala se vuelve fondo, y el fondo, al volverse total, deja de percibirse como un plano independiente.

El blanco no actúa aquí como una elección estética genérica, sino como un dispositivo perceptivo. Su función es retirar toda competencia cromática para que el zapato sea el único acontecimiento visual. La geometría puede ser compleja; la lectura, en cambio, debía ser inmediata. Al eliminar el contraste entre soporte, cerramiento y mobiliario, el proyecto unifica la sala en una sola superficie continua y desplaza toda la intensidad hacia el producto.

En este punto, el showroom establece una relación precisa con Tótel Madrid, aunque por inversión. Allí, el negro total y las fisuras de luz roja concentraban la atención sobre el pastel. Aquí, el blanco total y la luz cenital difusa concentran la atención sobre el zapato. En ambos casos la arquitectura opera del mismo modo: no busca exhibirse, sino construir las condiciones exactas para que otra cosa aparezca con máxima nitidez.

Un corner dentro del showroom: el proyecto como laboratorio.

Dentro de la sala aparece una segunda pregunta, distinta de la exposición general: cómo diseñar un corner comercial prototipo para futuras tiendas Wonders. Aquí ya no se trata de desplegar un paisaje continuo de producto, sino de construir una unidad replicable, desmontable y adaptable a locales de geometrías diversas. El problema cambia de escala, y por eso también cambia el lenguaje.

Frente a la sinuosidad general del showroom, el corner asume una lógica más rectilínea, modular y directa. No porque pertenezca a otro universo, sino porque responde a otra condición de uso. La sala principal está pensada para una experiencia extensa, envolvente y continua; el corner, para la transferencia, la repetición y la implantación futura. Su autonomía formal no lo separa del proyecto: lo especifica.

Esa coexistencia convierte el showroom de Wonders.en algo más que una sala de muestras. Lo convierte también en un banco de pruebas para la expansión de la marca. El espacio opera, simultáneamente, como instrumento comercial presente y como laboratorio de tipologías futuras. Resolver lo singular y ensayar lo replicable en un mismo gesto es una de las inteligencias más finas del proyecto.

Persistencia de una relación.

Veinticinco años no producen una copia mejorada. Producen otra cosa: la posibilidad de reproyectar lo ya conocido sin repetirse. Ahí es donde este showroom encuentra su verdadera densidad. No en la forma curva, no en el blanco total, no en la precisión técnica por sí sola, sino en la capacidad de transformar una relación larga en una arquitectura nueva.

Ficha técnica del proyecto

Proyecto: Showroom Wonders
Tipología: Showroom · Exposición de calzado
Fecha de proyecto: 2018
Localización: Elche, Alicante
Superficie: 170 m²

Materiales: Superficies blancas de porexpán revestido de poliéster, expositores curvos, lucernarios cenitales, baldas de exposición continua y tecnocemento blanco.
Empresa constructora: Sector Desarrollos S.L.

Autores: tamatestudio (pablo belda + tomás amat)
Diseño: Tomás Amat, Pablo Belda
Colaboradores: Ángel Sánchez, Noemí Sanjuan
Fotografía: David Frutos (BISimages)