Casa de la Torre · vivienda unifamiliar en Relleu.
En Relleu, Alicante, esta vivienda unifamiliar de 120 m² continúa la mampostería seca del lugar con otra precisión y otra escala. La Casa de la Torre, proyectada en 2008 por tamatestudio, se apoya sobre un bancal de piedra existente y lo engrosa hasta convertirlo en espesor habitado.
Llegar a Relleu exige atravesar caminos, pistas y veredas forestales. El laberinto anticipa el carácter del sitio: apartado, rugoso, sin concesiones. Sobre una cota dominante, un bancal de piedras trabajadas en seco delimita la parcela por el norte. Al sur, la sierra de la Grana y el horizonte del mar. Al este, el levante y la era; al oeste, una siembra continua de trigo. Ese cuadro no es contexto: es programa.
La Casa de la Torre no se posa sobre el paisaje aterrazado alicantino, lo continúa. La misma técnica —mampostería seca, piedra trabajada sin mortero— que durante siglos ha ordenado agrícolamente estas laderas se engrosa aquí, se pliega y se habita. Lo que el proyecto produce no es un objeto nuevo en el paisaje: es otro bancal, esta vez ocupado.
La preexistencia como sistema, no como ruina.
Una construcción anterior ocupaba el solar, orientada al sur. No se demolió. Su huella fijaba una orientación razonable —sol bajo de invierno, vista larga, abrigo al levante— y, sobre todo, encadenaba el proyecto con una cultura constructiva que no hacía falta inventar.
El bancal aledaño, con sus piedras toscas montadas sin mortero, es parte de ese mismo sistema. Aquí la preexistencia no se entiende como un resto a conservar por sentimiento, sino como una técnica todavía vigente. El bancal y la casa comparten procedimiento; los separa únicamente la escala del problema que cada uno resuelve.
Un solo material, dos reglas de ejecución.
Toda la envolvente se resuelve en piedra caliza trabajada en seco. La mampostería que forma el bancal preexistente emplea piedras grandes, bastas, aparejadas sin despiece evidente. La mampostería de la casa afina la misma técnica: piezas más reguladas, llagas menores, plano de paramento más controlado. No hay cambio de sistema, sólo un cambio de grado.
La continuidad entre muro agrícola y muro doméstico no pasa por la forma: pasa por la regla de ejecución. Esa decisión evita la cita literal —la casa no copia al bancal— y asegura la pertenencia. Esta operación se inscribe en una línea de trabajo del estudio donde la geometría constructiva es herramienta de proyecto, tal como ocurre en la vivienda unifamiliar Elda, resuelta con dos volúmenes perpendiculares y un criterio único.
La elección es también climática y constructiva: masa térmica contra la oscilación diurna de la sierra, durabilidad frente a la intemperie, mantenimiento mínimo. La mampostería seca no es un gesto estético; es la respuesta técnicamente más económica a un entorno exigente, y es la que el lugar ya sabía dar.
La casa rural se construye por agregación, no por composición.
En el interior alicantino la casa no se dibuja entera: se va haciendo con cada necesidad —una cría más, un oficio, una cosecha—. El quiebro en planta es el registro visible de esas sumas. La cubierta de faldones opuestos, leída en alzado, pertenece al mismo régimen: resuelve el desagüe sin pretiles importados y desplaza la altura interior hacia el sur, allí donde el sol bajo de invierno entra y la vista se libera.
Aquí la casa nace ya quebrada, pero con esa misma regla. El plegado en planta domestica el levante y abriga, al sur, una era exterior habitable. La silueta resultante se reconoce como arquitectura del lugar sin imitarla.
La misma lógica agregativa explica la disposición de los huecos: aparecen donde la habitación los pide, no donde la fachada los dibuja. La aleatoriedad aparente es, en realidad, un diagnóstico anterior al proyecto: pocos y contraídos al norte y al levante; más generosos y rebajados al sur. Lo que en un lenguaje compositivo parecería arbitrario es, en este sistema, exacto.
Predominio del muro: el hueco como aportación mínima.
Esta vivienda unifamiliar en Relleu es más muro que ventana. No por austeridad formal, sino por regla climática: en el interior alicantino el invierno es seco y frío, el verano largo y caluroso, y la piedra —su masa, su inercia térmica— es la defensa disponible. El muro grueso no se hace solo para sostener: se hace para aguantar el ciclo del día y el ciclo del año.
El hueco, en cambio, es aportación mínima — la luz justa, el aire justo, la vista justa. Esa proporción no es pintoresca; obedece a una lógica de inercia térmica. La piedra permanece; el hueco puntúa.
La operación contemporánea del proyecto se inscribe dentro de esa regla, no contra ella. Los huecos no se recortan al hilo del plano de fachada: se retraen. El marco de acero corten —mate, oxidado, continuo— queda encastrado dentro del espesor de piedra, y la jamba se lee como un interior miniatura del propio muro.
Cada ventana es una caja profunda: no una perforación, sino un fragmento de muro habitado. El retranqueo regula la radiación directa del sur y amortigua el levante; introduce una tercera materia —el corten— que marca el hueco sin competir con la piedra; y convierte la luz exterior en luz contenida. Cada ventana matiza, no ilumina.
La piedra como espesor doméstico.
La decisión más fina del proyecto se juega en el interior. El muro de mampostería seca no se detiene en la cara interna del cerramiento: atraviesa la casa y reaparece como pared del salón, tras la chimenea, y como paramento de la cocina. La materia es pasante.
El cerramiento deja de ser límite —plano que separa dentro y fuera— y se convierte en espesor que ambos lados comparten. En el salón, el muro se excava para alojar el hogar y dos hornacinas; en la cocina, sostiene la campana y enmarca una ventana pequeña con lama de ventilación. Los acabados contemporáneos —tecnocemento blanco de la isla, hormigón pulido continuo, madera oscura de los bajos— no compiten con la piedra: la acompañan en tensión. Lo moderno aquí es lo que hace legible lo antiguo.
Heredar el ajuar del lugar.
La actitud de continuación se extiende del sistema constructivo al repertorio de piezas interiores. Un lavabo de piedra antigua, reaprovechado, se encastra sobre una encimera de madera; contraventanas de tablazón envejecida enmarcan su ventana. Un mortero de trípode y un baúl metálico entran en la cocina y el salón como muebles de pleno derecho.
No funcionan como decoración rural nostálgica: funcionan como confirmación de que el proyecto no inaugura el lugar, sino que lo hereda. Conviven con pavimentos continuos, luminarias contemporáneas y paredes blancas; cada pieza opera en su tiempo sin que ninguno silencie al otro.
Bancal/Casa.
La Casa de la Torre no es una arquitectura inserta en el paisaje de Relleu: es el mismo paisaje continuado con una regla más exigente. La mampostería seca que ordena agrícolamente la ladera se engrosa para acoger una vida doméstica; los huecos se excavan en ese espesor como pequeñas cuevas de luz; el volumen se quiebra para obedecer al viento, al sol y a las vistas. Nada en el proyecto representa lo vernáculo. Todo lo continúa.
El resultado, cuando se enciende de noche, no parece un objeto iluminado: parece un tramo de muro que alguien ha decidido habitar. La obra fue publicada en Casas Internacional · Cabañas / Cabins (2021) y fotografiada por Joan Roig ↗, especialista en fotografía de arquitectura.
Ficha técnica del proyecto.
Proyecto: Vivienda unifamiliar en la montaña
Año: 2008
Localización :Partida Sierra de la Grana. Relleu
Fecha de proyecto :2008
Tipología: Arquitectura e Interiorismo.
Superficie: 120 m² construidos
Empresa constructora: Sector Desarrollos S.L.
Autores: tamatestudio (pablo belda + tomas amat)
Diseño:
Tomás Amat
Pablo Belda
Colaboradores:
Ángel Sánchez Rico
Pedro A, Muñoz
Fotografía:
Joan Roig.