Vivienda unifamiliar Elda · Casa Víctor Amat
La vivienda unifamiliar Elda parte de una operación geométrica precisa: dos volúmenes blancos perpendiculares que se cruzan en un único punto. tamatestudio resuelve toda la casa con esa decisión. El primero aloja el programa de día —salón, comedor y cocina— y se abre al sur con huecos de suelo a techo; el segundo guarda las habitaciones y se cierra con aperturas contenidas. La contraposición no es formal: responde a usos, orientaciones y luces distintas.
La casa se tiende baja y horizontal sobre un terreno abierto. Los dos cuerpos blancos se recortan con nitidez contra el cielo, mientras el zócalo de hormigón los fija al suelo. Esa horizontalidad ordena la relación con un paisaje despejado: la vivienda se afirma por contraste de geometría, no por altura. El suelo exterior, de grava clara y vegetación escasa, prolonga la misma economía, de modo que nada compite con la lectura de los dos volúmenes.
El voladizo como umbral.
El volumen de día queda ceñido por un anillo perimetral de hormigón visto que ancla la pieza al suelo y sostiene el vuelo. Ese voladizo se prolonga hacia el sur para proteger los grandes huecos de la radiación de verano y, a la vez, muerde el volumen de habitaciones en el punto de contacto: ahí nace el espacio cubierto de acceso.
El voladizo no es solo protección solar. Es el umbral que anuncia la entrada y articula el encuentro entre los dos cuerpos. Una sola pieza resuelve sombra, acceso y costura entre programas.
Día y noche, dos lógicas.
La separación entre día y noche no se confía a un pasillo, sino al cruce físico de las dos piezas. El recorrido describe ese tránsito sin ambigüedad ni zonas residuales. Cada volumen conserva su relación propia con el exterior: el de día, abierto y continuo; el de noche, contenido y reservado.
Así, la casa administra dos luces de forma deliberada. La directa del sur entra por los huecos de suelo a techo y calienta el espacio en invierno, regulada en verano por la proyección del vuelo, dimensionado en sección para cortar el sol alto del estío y admitir el sol rasante del invierno: una misma pieza calienta o protege según la estación. La de los dormitorios es controlada y contenida: la penumbra relativa no es carencia, sino una condición que refuerza el resguardo.
Hormigón, blanco y un punto de tensión.
El acabado blanco de los dos volúmenes unifica la lectura exterior y reduce la casa a su geometría esencial. Frente a ese blanco, el hormigón visto cambia de registro allí donde la pieza toca el suelo y donde el vuelo cobra presencia: marca el plano resistente y distingue estructura de cerramiento.
Leída como pieza exenta y tensión entre volúmenes, la casa no persigue la forma compacta sino el desplazamiento: dos barras que, al cruzarse, se sostienen y se enfrentan. El interés no está en cada volumen por separado, sino en lo que ocurre cuando uno muerde al otro y obliga a resolver el encuentro.
El punto de cruce entre los dos volúmenes concentra la mayor tensión espacial y lumínica. Conviven allí la apertura del sur y la contención de las orientaciones de servicio, y de ese encuentro nace un espacio de transición breve pero perceptivamente denso, que hace legible el cambio de programa sin señal añadida.
Interiores: tecnocemento y madera.
En el interior, los baños se revisten de tecnocemento continuo, que envuelve paredes, suelo y encimera en una sola superficie y dialoga con la madera de las carpinterías. La misma economía del exterior ordena el interior: pocos materiales, cada uno en su sitio. En uno de los baños, una composición de espejos circulares anima el paño de tecnocemento; en el otro, la bañera, la encimera y el lavabo se resuelven sobre la misma superficie continua, sin junta que interrumpa la lectura del recinto.
Una pieza dentro de una trayectoria.
Esta vivienda unifamiliar en Elda se inscribe en una línea del estudio que emplea la geometría y la sección como herramientas de organización doméstica. La Villa Apiarum en Biar o la Vivienda Alicante Golf comparten el criterio: resolver el programa con el menor número de decisiones, cada una con consecuencias espaciales verificables.
La separación de los dos programas en piezas perpendiculares produce una casa con independencia funcional entre zonas, sin puertas intermedias ni corredores de distribución. El resultado reduce el problema a su mínima expresión: dos piezas, una orientación por pieza y un dispositivo de encuentro que resuelve a la vez acceso, protección solar y articulación. La economía de medios no persigue la austeridad como estética, sino como consecuencia de haber dado a cada elemento una función precisa. Cada decisión, el cruce de las dos piezas, el vuelo, el anillo de hormigón, hace un trabajo doble, y de esa exigencia nace la claridad del conjunto.
Ficha técnica del proyecto.
Proyecto: Vivienda Víctor Amat
Tipología: Vivienda unifamiliar aislada
Fecha de proyecto: 2004
Localización: Elda, Alicante
Superficie: 180 m²
Autores: tamatestudio (pablo belda + tomas amat)
Diseño: Tomás Amat Guarinos · Pablo Belda Hernández
Colaboradores: Ángel Sánchez Rico · Jorge Grau López
Maqueta: Carmen García Jiménez
Fotografía de maqueta: Tomás Amat
Fotografía de obra: Joan Roig