Arquitectura
Vivienda Beli-Abi

Vivienda unifamiliar Beli-Abi, de tamatestudio: una estructura heredada y detenida se completa con particiones móviles que abren la casa al campo.

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Espacios incorporados · vivienda Beli-Abi

Vivienda unifamiliar Beli-Abi. Una estructura heredada y detenida.

La vivienda unifamiliar Beli-Abi parte de una condición poco común: una estructura ya levantada por otros equipos, con la obra detenida. tamatestudio no recibe un solar libre, sino un esqueleto inacabado. Asume completarlo y, en lugar de limitarse a cerrarlo, convierte esa rigidez heredada en una casa de límites móviles que se abre o se recoge sobre el campo.

El punto de partida no es una página en blanco. Es una estructura ejecutada por terceros y paralizada a medio construir. Completar una obra ajena impone sus reglas: la trama, las luces y los apoyos ya están fijados. El margen del proyecto no está en mover la estructura, sino en decidir qué hacer con ella.

La decisión es precisa. Frente a un armazón fijo por definición, tamatestudio introduce movimiento donde sí cabe: en las particiones. Lo que no puede cambiar —el esqueleto— se acepta; lo que sí —el modo de dividir y abrir el interior— se convierte en el verdadero proyecto. La limitación inicial deja de ser un obstáculo y pasa a ordenar la estrategia.

El límite se vuelve operable.

Las particiones dejan de ser muros definitivos y pasan a ser elementos móviles. Como en la casa Schröder de Rietveld, donde los tabiques se pliegan para reconfigurar la planta, aquí el límite interior no separa de una vez por todas: opera. La misma casa admite varios estados, de la versión más compartimentada a la más continua.

Ese mecanismo cambia la naturaleza de la vivienda. No hay una única planta correcta, sino una familia de plantas posibles. Quien la habita no se adapta a un reparto fijo: lo reconfigura según el día, la estación o el uso.

El mismo interés por operar con el límite y la sección aparece en Casa Bañón, que rebaja su cota de uso para controlar la relación con el entorno. En Beli-Abi, un mismo recinto puede crecer absorbiendo el contiguo o cerrarse para ganar intimidad: la planta no describe un estado, sino un repertorio de configuraciones.

Espacios incorporados, de la cocina al campo.

La secuencia de esquemas lo nombra paso a paso. Al desplazar los elementos móviles, el interior anexa porciones de exterior en un orden preciso: primero la cocina-galería, luego la piscina y el patio norte, después el salón con su porche y, por fin, el campo abierto. Son los espacios incorporados, que crecen hasta enlazar la casa aislada con el paisaje.

Esa voluntad de incorporar el exterior emparenta a Beli-Abi con una vivienda organizada por patios, donde el vacío también regula la relación con el afuera. Aquí el campo, dibujado como una línea orgánica frente a la geometría del edificio, es el destino de la apertura: la casa no lo encuadra como un cuadro, lo deja entrar por partes.

La operación no se queda en la planta baja. En la planta primera ocurre lo mismo, desde las particiones iniciales hasta una versión reconfigurada y más abierta. La estrategia es sistemática: el edificio entero funciona como un dispositivo de geometría variable, no como un volumen cerrado.

Los planos muestran un programa convencional puesto al servicio de esa idea: garaje para dos coches, una escalera que enlaza las dos plantas, una zona de día amplia, dormitorios con baño y una terraza pavimentada que recibe el límite ajardinado. Lo singular no son las piezas, sino su capacidad de recomponerse.

Materiales: una piel cálida sobre un esqueleto ajeno.

La elección de materiales responde a la misma idea. Sobre el hormigón heredado, frío y anónimo, el proyecto extiende una piel cálida y controlada. Al exterior, un monocapa teñido da color y continuidad al cerramiento sin recargarlo: un acabado uniforme y económico, coherente con una obra que parte de lo ya construido.

La madera de iroko aporta el contrapunto táctil. Aparece en las carpinterías y en los propios elementos móviles, los que abren y cierran el interior. No es un detalle decorativo: el iroko es la materia del mecanismo. El límite que se desplaza está hecho de una madera noble y resistente a la intemperie, capaz de mediar entre el dentro y el fuera.

En el suelo, el pavimento continuo de tecnocemento refuerza la continuidad espacial. Sin juntas ni cambios de material, el plano de pisar no marca umbrales. Así, cuando las particiones se retiran y los espacios se incorporan, el suelo se lee como una sola superficie: la casa fluye porque el pavimento no la interrumpe.

Los tres materiales trabajan en la misma dirección. El monocapa unifica el exterior, el iroko da cuerpo al mecanismo y el tecnocemento borra las juntas del suelo. Ninguno compite con la estructura heredada: la acompañan, la matizan y la hacen habitable.

Beli-Abi convierte una limitación en su tema. Una estructura ajena y parada, que parecía solo un problema a resolver, se transforma en la base de una casa que regula su relación con la naturaleza moviendo sus propios muros y vistiéndose de una piel cálida. Lo heredado se completa no cerrándolo, sino haciéndolo capaz de abrirse.

Ficha técnica del proyecto.

Proyecto: Vivienda Beli-Abi
Tipología: Vivienda unifamiliar aislada
Fecha de proyecto: 2001
Localización: Aigües de Busot, Alicante
Materiales: monocapa teñido, maderas y carpinterías de iroko, pavimentos continuos de tecnocemento
Promotor: Belinostrum
Autores: tamatestudio (pablo belda + tomas amat)
Diseño: Tomás Amat Guarinos
Equipo de diseño: Pablo Belda Hernández · Ángel Sánchez Rico
Maqueta: Ángel Sánchez Rico