Edificio de biología molecular · concurso de arquitectura en Elche.
El concurso edificio biología molecular, desarrollado por tamatestudio en 2004, propone el edificio complementario del Instituto de Biología Molecular en el campus de la Universidad Miguel Hernández de Elche. La propuesta parte de una imagen disciplinar precisa, el gel de secuenciación del ADN, y la convierte en lógica de proyecto: bandas, densidades, vacíos y una fisura que organiza el acceso.
Del gel de secuenciación a la lógica del proyecto.
El panel de concurso se abre con una ecuación gráfica: la estructura tridimensional del ADN, sumada a su gel de secuenciación, produce el patrón que gobierna la propuesta. No se trata de trasladar una imagen científica a la arquitectura. El proyecto interpreta su lógica interna. El gel ordena la información en bandas de densidad variable, con llenos, vacíos y rupturas. La arquitectura adopta esa misma estructura: franjas programáticas, ritmos repetidos y una interrupción que se convierte en espacio.
La analogía no es figurativa sino operativa. Si se retira la referencia al ADN, el edificio sigue funcionando como barra de laboratorios sobre una grieta topográfica. La imagen aporta identidad; la organización aporta rigor.
Terreno y programa: la fisura como orden.
La propuesta superpone dos sistemas. Por un lado, la masa del terreno, que la maqueta muestra como planos de suelo sucesivos, cortados y desplazados. Por otro, la masa programática, condensada en una barra elevada. De la fricción entre ambas nace una fisura que las secciones dibujan con claridad: el suelo se pliega, la barra se despega y entre los dos aparece el verdadero espacio del proyecto.
Esa fisura no es residual. Canaliza el movimiento y construye la experiencia de llegada. Entrar en el edificio implica atravesar una grieta construida, en tránsito entre compresión y apertura. El acceso gana espesor espacial y significado institucional. Una condición análoga ordena la llegada en el centro deportivo de Leganés y en el concurso de rehabilitación psicosocial en Alicante.
Una barra serial para la investigación.
Las plantas organizan el programa científico en una pieza lineal de dos crujías servidas por una espina central continua. Los laboratorios ocupan los extremos y uno de los frentes, con salas de instrumentación y de cultivos intercaladas según una medida controlada. Los despachos se alinean en la banda interior, junto a las escaleras. Cada nivel suma 582 m² construidos y repite la misma disciplina: unidades equivalentes dentro de una estructura común, legibles y sustituibles sin fragmentar el conjunto.
La barra, además, no se plantea como objeto autónomo. Los planos de conexión con el edificio existente, resueltos en tres niveles, la anclan al instituto al que complementa. La propuesta funciona como prolongación, no como pieza aislada.
Una estructura para volar: muros portantes y vigas Vierendeel.
La estructura no es un servicio posterior a la forma: es el argumento que la hace posible. El sistema combina muros portantes de hormigón armado, vigas Vierendeel ancladas a esos muros y cerchas metálicas en posiciones controladas. Con ese canto estructural completo, la barra puede salvar la fisura y comportarse como un puente habitado sobre el terreno plegado.
La elección tiene una segunda consecuencia. La Vierendeel admite huecos dentro de su propia lógica portante, de modo que las perforaciones de la envolvente no contradicen la estructura: la acompañan. Forma, hueco y esfuerzo pertenecen al mismo sistema.
La fachada como transcripción del código.
La envolvente traduce el gel de secuenciación a un campo de perforaciones rectangulares de tamaño y densidad variables. De día, la piel se lee como una textura abstracta, sobria y precisa, coherente con el carácter científico e institucional del edificio. De noche, la maqueta lo demuestra: los huecos se encienden y la barra emite su propio código luminoso sobre el campus.
La operación identifica el uso sin rotulación añadida. El contenido del edificio, la información genética que se investiga en su interior, se convierte en su imagen pública. La forma no se impone al programa: emerge de su tensión con el lugar y con la disciplina que aloja.
El concurso edificio biología molecular se plantea así como un sistema integrado, donde recorrido, organización, estructura e imagen derivan de una única secuencia de decisiones: superponer terreno y programa, habitar la fisura resultante y transcribir el código a la envolvente. Si buscas un estudio de arquitectura en Alicante con experiencia en equipamientos científicos, tamatestudio desarrolla cada concurso desde las condiciones reales del encargo.
Ficha técnica del proyecto.
Proyecto: Concurso edificio biología molecular
Tipología: Concurso · Edificio complementario del Instituto de Biología Molecular
Fecha de proyecto: 2004
Localización: Universidad Miguel Hernández, Elche, Alicante
Superficie: 582 m² construidos por planta
Materiales: Muros portantes de hormigón armado, vigas Vierendeel y cerchas metálicas.
Promotor: Instituto de Biología Molecular
Autores: tamatestudio (pablo belda + tomás amat)
Diseño: Tomás Amat, Pablo Belda
Colaboradores: Ángel Sánchez Rico, Carmen García Jiménez, José García Jiménez, Nuria Ramos Arques, Ramón Rico Carpena, Jorge Grau
Fotografía de maqueta: Tomás Amat