Arquitectura, Interiorismo
Gastrobar EntreColyCol Murcia

Gastrobar EntreColyCol Murcia: caja exenta con fachada de metacrilato retroiluminada en colores RGB y barra larga de acero. tamatestudio, 2009.

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Gastrobar EntreColyCol Murcia fachada nocturna RGB

Gastrobar EntreColyCol Murcia

Gastrobar EntreColyCol Murcia es un proyecto de tamatestudio en el centro histórico de Murcia, encargado por Alfonso Egea en 2009. Se construye como caja exenta plantada en una explanada peatonal entre bloques residenciales, sin frente comercial vecino. Con dos caras activas en esquina y un programa denso en planta alargada, el local concentra su identidad en tres planos mediadores: envolvente exterior, trasbarra y filtro hacia cocina. Los tres trabajan por perforación y luz, y los tres traducen la huerta murciana sin recurrir a representación literal.

La huerta traducida a fachada

El gesto decisivo se juega en la envolvente. Por fuera, una caja rotundamente cerrada en chapa negra mate, pensada para sostener el contraste con el hormigón visto y los balcones de las viviendas vecinas. El único signo diurno es el cartel tipográfico —Barra de vinos y tapas / EntreColyCol / de Alfonso Egea—, grafiado en blanco y rosa sobre un panel negro saliente. Ese panel se duplica en el frente lateral, dejando claro que el volumen tiene dos caras activas. Pero la fachada no termina ahí.

De noche, una porción amplia del paño principal se vuelve traslúcida y descubre lo que durante el día permanecía latente: una retícula densa de tubos verticales de metacrilato retroiluminados por fluorescentes RGB controlables a distancia. La instalación despliega una gama cromática completa. El sistema se probó en obra como prototipo a escala real antes de ejecutarse en fachada, validando el comportamiento del color, la transición y la densidad lumínica. La elección del tubo de metacrilato extruido tipo PLEXIGLAS ↗ respondía a la necesidad de una pieza translúcida, ligera y mecanizable que admitiera la retroiluminación sin distorsión cromática.

Esa gama no es decorativa ni elección estética arbitraria. Es cita operativa de la huerta murciana: tonos verdes, amarillos, rojos, naranjas y violetas. Esos colores evocan el repertorio agrario del territorio —pimientos, berenjenas, alcachofas, cítricos, verduras de hoja— sin asignación literal de un color a un fruto. La fachada no muestra la huerta; la condensa en un código de luz. Murcia es agua, vega, regadío y mercado. El local pone esa identidad en el frente urbano sin recurrir a la imagen literal —ni mural, ni fotografía, ni motivo decorativo—, sin renunciar a la rotundidad del volumen negro que la sostiene.

Una barra larga para una tradición

Dentro, el orden lo establece una barra larga de acero negro que recorre todo el lateral del local y concentra el servicio. Su longitud no es decisión estética: responde a una demanda cultural específica del Levante. Existe una tradición arraigada de comer en barra —de pie o en taburete— en lugar de privilegiar la zona de mesas. El proyecto desdobla y amplía la barra para multiplicar el número de comensales que pueden hacerlo así, convirtiendo la pieza en el eje funcional y social del local. Las mesas quedan como complemento, no como núcleo.

La barra trabaja además como pieza articulada: un cuerpo continuo, geométricamente preciso, que organiza el recorrido desde el acceso hasta el bloque de aseos y separa con limpieza el ámbito del cliente del ámbito de servicio. La misma lógica del eje gastronómico como pieza articulada del local aparece en la reforma del restaurante La Finca de Susi Díaz, donde la operación principal recae también sobre un elemento continuo que ordena el uso.

La trasbarra como pantalla pixelada

La identidad interior, sin embargo, no nace de la barra: nace del plano que tiene detrás. La trasbarra ocupa toda la altura y todo el largo del fondo del local. Funciona como una pantalla continua formada por una retícula muy densa de tubos verticales de metacrilato retroiluminados con fluorescentes RGB de control remoto. La trama cambia íntegramente de color —verde a mediodía, rojo en cena, violeta en transición, azul para copas— y activa atmósferas distintas sin tocar el resto del local. La trasbarra es la prolongación interior del argumento de la fachada: misma lógica de retícula vertical, misma gama programable, misma traducción del color a régimen de uso.

Detrás de esa pantalla, el plano funciona también como cava activa. Una caja larga de madera lacada negra perforada aloja las botellas en hileras regulares, con tramos refrigerados que mantienen el vino a temperatura. Las botellas dejan de ser almacén oculto y pasan a ser parte de la imagen del local, integradas en la trama lumínica como segunda capa visible.

El techo refuerza esa lectura. Un sistema técnico continuo, blanco perforado con bandas oscuras lineales, aloja focos puntuales que iluminan la barra con luz blanca cálida fija. Conviven así dos sistemas lumínicos independientes: la luz de trabajo sobre la barra, constante y funcional; la luz atmosférica de la pantalla, programable y cambiante. La separación de cometidos permite que el local funcione como bar de mediodía, gastrobar de cena y barra de copas sin alterar el mobiliario.

Un filtro perforado entre cocina y sala

El tercer plano es el que separa la cocina de la sala. Se ejecuta como un paño perforado por control numérico siguiendo el motivo de las tapas de la carta: el cliente no ve la cocina, pero lee su contenido.

La luz interior atraviesa las perforaciones y proyecta el dibujo de las tapas como cajas luminosas blancas sobre el plano blanco de la sala.

La operación recupera una lógica reconocible del bar de tapas tradicional —el producto a la vista como argumento del local— y la traduce a un lenguaje preciso, geométrico y controlado.

La cocina deja de ser servidumbre invisible y se convierte en señal.

Materiales, mobiliario

exterior:

La elección del metacrilato vertical refuerza esa lectura. El tubo, como elemento mínimo repetido, evoca sin forzarlo la cadencia del cultivo en surco, la regularidad del bancal, la estructura del invernadero. La luz se filtra por entre los tubos como se filtra entre el ramaje de un cítrico al atardecer.

La sustitución entre paños opacos y paños lumínicos no es simétrica. Las barras conviven con tramos cerrados en una composición controlada que enmarca el acceso, calibra la cantidad de luz que sale a la calle y mantiene la rotundidad del volumen incluso cuando se enciende. Esta lógica de piel programable que cierra y filtra a la vez se desarrolla también en el outlet Hispanitas Petrer, donde la envolvente continua organiza la relación entre interior y espacio urbano. El acceso se inscribe en ese mismo plano, resuelto con escalones de chapa negra y baranda de vidrio que cumple accesibilidad sin romper la continuidad de la fachada.

interior:

El interior se resuelve con paleta corta y oscura. El pavimento de madera teñido en negro es preexistencia: el suelo del local se conserva, se tiñe y se trata para asumir la intensidad del nuevo uso. Sobre esa base, el tecnocemento ↗ aparece en paredes, en el cuerpo de la barra y en el bloque de aseos, garantizando continuidad visual y reduciendo el ruido de juntas. El mobiliario es íntegramente negro mate, mesas bajas, taburetes altos con respaldo, sillas sueltas y la barra y la trasbarra se ejecutan en acero negro.

El bloque de aseos se construye como volumen exento dentro de la sala, revestido en tecnocemento gris medio. Lo separan del resto planos negros mate. Un foco de luz cálida marca el acceso desde el techo. La concentración cromática del soporte es deliberada: un fondo neutro, sobrio y oscuro, capaz de absorber sin competencia el cambio cromático de la trasbarra y de la fachada. El color no decora el local; el local lo enmarca.

Tres pieles, una sola decisión

El proyecto ordena su programa repitiendo en escalas distintas una misma operación: cerrar y filtrar a la vez. Asegura la unidad del local por un soporte negro deliberadamente uniforme que cede el protagonismo a la luz. La identidad murciana no está aplicada al volumen: está alojada en su régimen lumínico. Por eso el gastrobar EntreColyCol Murcia sigue siendo reconociblemente del lugar incluso cuando, durante el día, la fachada está apagada.

Ficha técnica del proyecto

Tipo: Gastrobar · Diseño interior · Volumen exento de obra nueva

Año: 2009

Localización: Calle Alfonso X El Sabio 10, Murcia

Superficie: 100 m²

Materiales: Chapa de acero pintada en negro mate, tubos verticales de metacrilato translúcido, fluorescentes RGB con control remoto, acero negro, madera lacada negra, tecnocemento, pavimento de madera teñido en negro, techo técnico blanco perforado

Arquitectos: tamatestudio

Diseño:
Tomás Amat Guarinos
Pablo Belda Hernández

Equipo de diseño:
Ángel Sánchez Rico
Pedro A. Muñoz
Alejandro Soriano

Fotografía:
Joan Roig